CALENDARIO DE ADVIENTO (CUENTO DE NAVIDAD – PARTE III)

Se habían quedado dormidos en el sofá. Uno sobre otro, como casi todos los días. Ella dejaba dormir a Platero sobre la alfombra. A Pepito y Pinocho los acompañaba hasta sus camas. Así, noche tras noche, aprovechaba para leer y escribir cuando la casa estaba en silencio. Tampoco se podía descuidar mucho y perder horas de sueño, porque los tres eran muy madrugadores.
Gritos y risas la despertaron por la mañana. No había nadie en el salón, los sonidos venían del jardín.
Se asomó a través del ventanal, allí estaban tumbados sobre la hierba, panza arriba los tres.
-¡La mía es esa que tiene forma de elefante! -gritaba Pinocho.
-Yo me pido la que parece un pavo real -afirmaba Pepito.
Mientras Platero se conformaba con una masa de algodones blancos sin poder describir ni comparar con nada.
Esa mañana el cielo resplandecía con azul claro, de los intensos y homogéneos.
Un viento soplaba fuerte.
-Me estoy mareando- dijo Platero.

-Ja! La mía corre más que las vuestras.
Jugaban a carreras de nubes, acostados en el suelo, cada uno había elegido una nube y según la fuerza del viento unas avanzaban más rápido que otras.

-Tu elefante se está quedando flaco- advirtió Pepito-dentro de poco no le queda ni la trompa, se reía por dentro mientras le daba un codazo a Platero que con tanto pelo de algodón ni debió notar.
El viento arrastraba las nubes y las deformaba para dibujar otras figuras.
Platero tenía razón, después de un rato mirando, se movían tan rápidas que hasta daba vértigo. Llegaba un momento que no estaba claro si eran ellos los que se movían.
Mientras ellos seguían con sus juegos, preparó el desayuno. Leche con avena para el peludo, cacao y bizcocho para el otro, té y semillas de lino para Pepito, café y tostada para ella.
A pesar del viento, la temperatura era agradable, apetecía estar al aire libre.
Cada día al acabar el desayuno abrían un cajón del calendario de adviento, así iban contando los días que quedaban para que llegase la Navidad. Este calendario no era como los demás. Estamos acostumbrados a llenarlos de golosinas y chocolatinas. Este es diferente, es de madera, tiene sus correspondientes compartimentos, y sí, son veinticinco con sus respectivas chucherías en cada hueco, pero además siempre encuentran un sobre con un mensaje o una acción que realizar cada uno de los días.
Los días anteriores habían cumplido con todos los mensajes, un día era atar abrigos que ya no necesitaban a los árboles y farolas de la ciudad, así alguien que pasase por allí y tuviese frío podía usarlo y hasta quedárselo; otro día se dedicaron a dejar libros en los bancos de los parques invitando a la lectura a los que quisieran descansar un rato y disfrutar; otro día habían reparado juguetes y los habían llevado a la fundación; un día fueron a visitar a niños enfermos en hospitales y les contaron cuentos; otro día se habían dedicado a llevar dulces a las residencias de las personas mayores; otro día lanzaban hilos rojos o daban tironcitos a otros, a ver si los respectivos extremos se daban cuenta que estaban predestinados a estar juntos…hoy era un día especial. Por haber cumplido con todos los días anteriores, hoy había premio de los que se disfrutan. En el cajón 24, en lugar de chuches había unas cuantas monedas de euro, y el mensaje proponía una acción divertida. Consistía en dar un paseo por la ciudad, visitar mercadillos navideños y comprar artesanía. Esas piezas que son obras de arte, realizadas a mano por alguien con mucho cariño, que no hay dos iguales y a veces no valoramos.
Salieron de casa camuflando a Platero como si fuera un perro, Pinocho con un gran abrigo, pasamontañas y enfundado con una bufanda. Preocupada ella por si podía quedarse sin respiración dentro de todo aquel lío de nudos. Por propia experiencia sabe lo que es andar atada a una bufanda al cuello. Pepito Grillo parecía un broche agarrado a su foulard.
Llegaron a la ciudad toda iluminada de colores, las castañeras en algunas esquinas, los villancicos sonando en los establecimientos, la gente comprando. Todo el mundo respirando un ambiente feliz y espíritu navideño invitaba a alargar el paseo. Niños con risas alteradas, padres armados de paciencia y abuelos con sus nietos consentidos, despilfarrando sueños por si un día se acaban.
Tomar decisiones ante la belleza de los puestos era complicado, por la luminosidad, por loscolores, los materiales, por el esmero y cariño depositado en cada artículo.
Cada uno compró una artesanía hecha a mano. Unos adornos de cuero para el árbol, una figura de madera para completar el Belén, un portavelas de cerámica…y ella compró un libro “El regalo”. Ya! Un libro no es una artesanía, pero este libro es muy especial, este libro contiene el arte de escribir con la mente de un sabio, el corazón de un niño y el alma de un mago. Es un libro que no puede faltar en ningún hogar y sirve a todos los miembros de la familia, es “El Principito del siglo XXI”, su amigo Eloy Moreno, el autor de este libro, le escribió una dedicatoria que ella no podrá olvidar; esas palabras se han convertido en un regalo para ella, que un día contará.
Además de todas aquellas compras, pasaron por un puesto de turrón artesanal, de chocolates, mazapanes, polvorones…
Salir de aquel paraíso maravillado era difícil. Es como vivir dentro de un cuento que nunca quieres que se acabe, pero quieres saber el final.
Aún tenía más sorpresas preparadas, pero eso lo descubrirían al llegar a casa. Tuvo que convercerlos para volver, diciendo que necesitaba ayuda para los preparativos de la cena.

-Hoy es Nochebuena y debemos celebrarlo. ¡Vamos a casa y lo preparamos entre todos!
Se estaba haciendo tarde, así que a paso ligero, casi a trote para Platero, tomaron rumbo al Valle de las Flores.

Calendario de adviento…QUIERO MÁS!