DESAYUNO FESTIVO DE DIFUNTOS

¡Ya pasó ¡

Para ella es un día extraño. Le invade un sentimiento nostálgico sin más. No es que lo piense o se detenga en ello, pero sucede cada año.

Echó de menos en la noche anterior algún disfraz de Joker, una camisa verde de seda, un chaleco mostaza, un traje granate, calcetines blancos, zapatos marrones con puntera, talonera y cordones negros. Maquillaje sencillo y pelo verde teñido. ¡Elegante disfraz!

Adentrarse en el papel era fácil, correr exageradamente, bajar escaleras a ritmo de rock and roll, risa descontrolada, llanto contenido, contar chistes que duelen e improvisar una danza frente a un espejo.

¡Alucinante!

Apuran la noche para disfrutar de la fiesta de Halloween, estar con familia y amigos, disfraces, caramelos, cortinas ensangrentadas, decorados de ultratumba, gritos terroríficos.

El azulado gin-tonic apurado marca el fin de la fiesta.

Alguien se percata que se marchan, les sigue:

-! Buenas noches, chicos ¡

– ¿Y esta de dónde ha salido?

¡Espeluznante!

Trasnochar la lleva a despertar algo más tarde de lo normal.

Mientras prepara el desayuno, se percata que no encendió la vela durante la noche como le habían enseñado. Ni tampoco este año ha visitado el cementerio para llenarlo de flores.

El uno de noviembre se celebra la tradición de honrar y traer a nuestra memoria a las personas que han muerto. Los cementerios se visten de colores.

Recuerda a aquellas personas queridas que se fueron.

Coge la Tablet y consulta en internet el significado y celebración de nuestra fiesta. Algunas costumbres las conoce, otras las descubre.

En Canarias se reúne la familia en torno a la mesa donde recuerdan historias y anécdotas de los difuntos.

En Begígar, Jaén, los vecinos de la localidad salen a la calle para tapar con gachas las cerraduras de las casas ya que antiguamente se pensaba que así se espantaba a los malos espíritus.

Los frutos del otoño, nueces, piñones, castañas asadas, huesos de santo, invaden los hogares.

Los gaditanos si se disfrazan, bajo el nombre de “La fiesta de los Tosantos”, no es de extrañar que los perros, los gatos y otros animales salgan a la calle con pelucas.

En Galicia, los celtas dejaron el “Samhain”, preparan calabazas para meter dentro las velas. En algunas aldeas celebran el “Magosto”, reunión entre amigos alrededor del fuego.

Dulces de membrillo, granadas con azúcar en Extremadura. Los buñuelos de viento de Madrid y “Don Juan Tenorio”.

Los caracoles en salsa del País Vasco o el “Motokil”, masa de harina de maíz.

En Soria, homenajean a Gustavo Adolfo Bécquer, recreando “El monte de las Ánimas”, lanzan farolillos de papel al cielo y los atrevidos caminan sobe las ascuas de las hogueras.

Termina de leer a la vez que el desayuno. Enciende la vela. Precalienta el horno 175 grados, calor arriba y abajo, programa cuarenta y cinco minutos. Introduce en la rejilla los boniatos lavados.

Se dirige a la estantería del salón con el último bocado de mazapán, de un hueso de santo. Desliza el dedo por los lomos de los libros, la vista recorre las encuadernaciones de tapas duras. Encuentra a Bécquer y mientras el horno hace su trabajo, lee. Tomo Primero, Leyenda 15, “El monte de las Ánimas”.

La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas”.

Farolillos de papel…QUIERO MÁS.